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  DIALOGOS
REVISTA EN LINEA
  NÚMERO 10: VERANO 2009
 
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TRADUCTOLOGÍA

Lisa Carter
“VALOR”
     

Como empresaria individual tengo muchos temas por abordar aparte de la traducción -labor en la cual está basado mi negocio- tales como la contabilidad, el mantenimiento de la página web, la actualización del blog, la mercadotecnia, la promoción del libro, archivar... La lista a veces parece ser interminable. Pero dado que mi negocio aún es relativamente pequeño, no me puedo permitir el lujo de contratar a alguien que asuma algunas de esas responsabilidades. Se me ha sugerido que contrate a un estudiante de traducción, el cual incluso trabajaría de modo gratuito para ganar experiencia y obtener de primera mano una idea de lo que significa ser un profesional independiente. ¿Pero acaso quiero contratar a alguien y dedicar mi tiempo a la administración o a la dirección? ¿No sería más fácil simplemente hacer lo que se necesita que se haga? Más importante aun, ¿me sentiría cómoda pidiéndole a alguien que trabajara de modo gratuito?

También he estado considerando la idea de un asistente virtual. Al parecer se les puede encontrar por tarifas muy razonables (es decir: baratas), pero eso me conduce a considerar la forma en la que esa profesión está siendo depreciada, y cómo detesto cuando eso me sucede a mí. Quizás un asistente virtual muy económico es simplemente alguien que vive en un país en donde el costo de vida es mucho menor que el de aquí, de modo que puede permitirse cobrar una tarifa baja. De acuerdo. Siempre y cuando estén calificados. ¿Pero qué harán los asistentes aquí en nuestro propio país que están calificados, pero que deben cobrar más debido al costo de vida?

La cuestión del trabajo subvalorado a menudo está en primer plano en mi mente, en particular cuando recibo ofertas que encuentro verdaderamente insultantes.

 

La cuestión del trabajo subvalorado a menudo está en primer plano en mi mente, en particular cuando recibo ofertas que encuentro verdaderamente insultantes. Apenas la semana pasada, una agencia de traducciones muy prestigiada me contactó con respecto a un trabajo de 350 palabras. Lo necesitaban a más tardar en el plazo de una hora (¡por supuesto!), y estaban dispuestos a pagar la cantidad de $15 por el privilegio. ¿Quince dólares? ¿Por una hora de trabajo? La última vez que gané $15 por hora fue un verano cuando estaba en la universidad trabajando en un empleo ocasional de secretaria y, he llegado a pensar que, ¡puede ser que me hayan pagado más! O supongo que el salario mensual de aproximadamente $300 de cuando enseñaba en Perú hace quince años sería otro ejemplo. Pero en ninguno de los dos casos tenía los títulos, los certificados, la capacitación en el trabajo, la experiencia y la trayectoria que tengo ahora.

 

 

 

La crisis económica, particularmente en Estados Unidos, ha resultado en que este año varias agencias me han pedido que reduzca mis tarifas. He trabajado con una empresa en particular desde 2005. Cuando hice su prueba de traducción, el asesor me dijo que mi trabajo era mejor que algunos de los que habían recibido de sus traductores habituales. Siempre he entregado traducciones de primera calidad, a tiempo y de acuerdo a sus especificaciones. Y ellos han correspondido de tal manera que ha sido un placer trabajar con ellos: los proyectos son claros, la comunicación es buena y el pago es puntual. Sólo elevé mis tarifas con ellos en 2008, un incremento del 20% después de tres años y medio, bastante razonable -pensé yo-, pero apenas el mes pasado me pidieron que las redujera ¡a menos de lo que les estaba cobrando hace cuatro años! Negociamos y llegamos a lo que pensé que era un arreglo aceptable, pero desde entonces no he recibido ni una sola palabra de trabajo por parte de ellos

Sí, perdí un cliente. Sí, duele. Pero sé lo que me cuesta manejar mi negocio, sé lo que vale mi tiempo, sé que no me voy a comprometer por un servicio menor que excelente, y por ello sé lo que he de cobrar para mantenerme a flote y asegurar dicha calidad.

 

Así que, si necesito ayuda para manejar mi negocio, ¿no debería pensar en contratar a un profesional calificado en traducción o mercadotecnia o diseño de página web o contabilidad, y pagarles lo justo? ¡Definitivamente! Pero eso me conduce nuevamente al principio, sabiendo que por ahora no puedo costear ningún gasto extra. De este modo, supongo que cambiaré de sombrero varias veces al día para cumplir con todo lo que se necesite hacer.

La crisis económica, particularmente en Estados Unidos, ha resultado en que este año varias agencias me han pedido que reduzca mis tarifas.

 

Si tienes ideas o consejos de cómo manejar algunas de estas cuestiones, por favor visita mi blog (www.intralingo.com/blog) y envía un comentario. Quizás juntos se nos ocurran algunas ideas factibles.

Traducido por Karin Otterbach


Lisa Carter es una traductora independiente (certificada por la ATA & ATIO, del español al inglés), algunas veces blogger y aspirante a ensayista, que vive y trabaja en Ottawa. www.intralingo.com